El alzheimer es una enfermedad para la que aún no hay cura. Por ese motivo, intentar identificarlas primeras señales de este mal neurológico es vital para intentar ralentizar y minimizar su avance. Ahora, un estudio realizado por el Brigham and Women’s Hospital, en Estados Unidos, sugiere la existencia de un posible vínculo entre la ansiedad y el alzheimer.

Las llamadas placas seniles son depósitos de proteínas beta-amiloide en el cerebro que se asocian con el deterioro neurológico. Los autores del estudio realizaron un experimento con trescientos adultos para intentar averiguar la posible relación entre algunos de los síntomas asociados a la depresión, y la presencia de dichos depósitos. Y lo que descubrieron es que los casos de ansiedad aumentaban conforme aumentaba la cantidad de beta-amiloide acumulada en el cerebro (aunque eso no significa que la ansiedad se deba siempre a esta causa).

Son necesartios más estudios que confirmen este resultado, pero el dato apunta a que la ansiedad podría ser en algunos casos un indicador de la presencia de unos niveles anormalmente altos de esta proteína. Eso podría ser un indicio de un mayor riesgo de desarrollar alzheimer, ya que esos depósitos se empiezan a acumular durante diez o mas anños antes de que el paciente muestre síntomas evidentes de deterioro neurológico. Pero tampoco significa obligatoriamente que toda persona que tenga ansiedad vaya realmente a desarrollar la enfermedad. Hacen falta más estudios que corroboren la existencia de este vínculo, y que expliquen su naturaleza.

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